• Raquel Villaescusa

Tengo un hermano, existe, pero llegó para no quedarse


Explicar la muerte a los niños siempre se nos hace extraño. Nos sentimos incapaces ante sus preguntas directas y claras, que responden a su realidad, aunque nos puedan resultar incómodas e impactantes. El duelo es universal, pero diferente para cada uno, y el los niños, que lleva tan poco tiempo en este mundo, más aun.

Las mejores respuestas frente a la pérdida gestacional serán las que les aporten presencia, sinceridad, claridad y clama, y les permitan ir saliendo de la confusión y avanzar en su tristeza, en ese transitar por su duelo. No podemos perder de vista que se trata de una experiencia nueva, y por ello desconocida, que les abrumará y les llevará al miedo y al dolor. Y si no sabemos responder a sus preguntas, no pasa nada, si les explicamos que, en ese caso y en ese momento, no sabemos qué decir, porque eso ya es una respuesta. Como en todo con nuestros hijos, digámosles la verdad, desde la empatía, el respeto y la escucha activa, adaptándonos a su momento evolutivo y a su capacidad para integrar el lenguaje. Y si nos bloqueamos, siempre podremos acudir a la literatura infantil especializada, un magnífico recurso.

Acompañar a los niños en esto requiere de conversación, honestidad, sinceridad, paciencia y validación ante sus intensas emociones, permiso ante sus conductas extremas y sus constantes y recurrentes recuerdos, y adaptación de la situación a sus rutinas, que evitaremos variarlas en la medida de lo posible, porque ellas son las que les aportan seguridad.

Ellos han experimentado misma pérdida, aunque vivencien su duelo desde su falta de experiencia vital. Vivirán el aturdimiento y bloqueo inicial, el no entender, el que la vida se para, la negación, el enfado y la depresión, para más tarde llegar a la aceptación, la integración, y el aprendizaje vital, pasando por la somatización física y la confusión emocional, igual que nosotros. Pero es muy posible que tome protagonismo la culpa, pues los más pequeños siempre tienden a pensar, cuando no saben qué ha pasado, que lo que ha sucedido es responsabilidad suya, y que eso puede llevarles a un desamor por parte de sus padres. Desde ahí comenzarán a fantasear, porque es desde la imaginación y el juego desde dónde los niños aprenden y avanzan. Así que, dejémosles claro que lo sucedido no es responsabilidad de nadie. Podemos invitarles a conversar, a expresar, pero no podemos obligarlos a hacerlo, ni a hacerlo a nuestro ritmo. Podemos compartir con ellos nuestra tristeza y nuestro llanto, no tengamos miedo de eso, porque así ellos aprenden que mostrar los sentimientos nunca es malo ni es de débiles, tampoco cuando se sufre, sino que es de valientes.

Está en nuestra tarea aportarles herramientas para protegerse, conectar con los recuerdos, asumir los sentimientos y emociones y prepararse para la despedida. Reorganizar su mundo interior para encaminarse hacia la gratitud y amor incondicional.

Los niños interpretan todo de manera literal, por lo que es fundamental hacerles llegar la información de forma directa. Pero no todo es contarles, ellos también tienen su opinión y sus ideas sobre lo ocurrido, y es importante para su correcta gestión emocional que tengan oportunidad de darle salida, eso sí, cuando ellos así lo quieran.

¿Porqué mi hermano ha muerto? Ya son hermanos, se conocen y se aman, y recolocar ese vínculo en sus cabezas es delicado y requiere el tiempo que necesiten, que no tiene porqué coincidir con el nuestro, y en el que, inevitablemente, repercute el estado anímico de sus padres y de su entorno más próximo. Debemos contar con que se verán afectados su salud, su rendimiento, su autoestima y su comportamiento, que puede resultar introspectivo y vulnerable. Y desde ahí es desde dónde nos toca acompañarles, contenerlos. Puede que muestren una preocupación excesiva por su salud y la de los suyos, por el miedo a que les suceda lo mismo, y que lo vivan desde la ansiedad. Pero que no nos quepa duda que su actitud siempre será proactiva, siempre intentando comprender e integrar, porque así es la naturaleza de los niños.

¿Dónde está? La muerte es definitiva e irreversible, pero ellos aún no lo saben. Sabemos que su hermano existe, pero no estará entre nosotros como nosotros, porque será para siempre vuestra preciosa estrella. Le imaginamos en un lugar mejor dónde todo es perfecto, sin sufrimiento ni dolor, como cuando estaba dentro de mamá. Y desde allí nos acompaña y nos manda energía cada día. Y así debemos transmitírselo. También es un buen momento para explicar, siempre si surge el tema, que la muerte es parte de la vida, y que dentro de mucho, mucho tiempo, todos estaremos dónde ahora está él. Puede ayudar integrarles en nuestros ritos de despedida, siempre que les hayamos preparado para lo que van a ver. Quizá quiera ver a su hermano para conocerlo y despedirse de él. En este caso lo ideal será explicarle claramente qué es lo que verá y qué puede esperar de las reacciones de los que estén alrededor, cuando suceda.

¿Quiero hablar con él? ¿Puedo? ¿Me escucha? ¿Por qué no me contesta? Es muy posible que el desee comunicarse con su hermano, al que seguro siente muy cerca... ¿Y porqué no animarle a hacerlo, si eso le sirve para avanzar en su proceso? Pero esperará respuesta, porque, desde su naturaleza, siempre esperan que quienes les están escuchando respondan. Si no les explicamos que no habrá respuesta, el niño puede enfadarse, o incluso disgustarse, creyendo que su hermano se niega a contestar porque le ignora, entendiendo que no le quiere, y lo que más les afecta a los pequeños es que se les niegue el afecto. Tendremos entonces que contarle que las personas que mueren no pueden hablar como nosotros, pero que nosotros si estamos aquí para escucharles y responderles cuando lo necesiten.

Puede que nuestro hijo se muestre reacio a retomar la rutina escolar, porque no disponga en ese momento de la energía, la disposición la concentración necesaria, además de no estar muy preparado para separarse de sus padres aun, porque todo en él está centrado en comprender y asimilar qué ha sucedido. Por lo tanto, el regreso a la escuela se convertirá en otro proceso de adaptación a la cotidianidad, que requerirá de nuestra conversación y posterior seguimiento con el centro y los maestros, el departamento de orientación, y también con profesionales especializados, si se considera que el niño así lo necesita. Y que todas estas personas muestren un comportamiento flexible con el niño, y le permitan el contacto con sus familiares en la medida en que le sea necesario, dentro de la jornada escolar. También el niño necesitará conocer de antemano lo que, posiblemente, le espera en su regreso a clase, quizá preguntas incómodas, hablar con él sobre las posibles respuestas, y dejarle en claro esas preguntas no llegan desde la mala intención, sino de la curiosidad de conocer y desde el ofrecimiento de sus amigos y profesores de acompañarle en esta vivencia.

Más adelante, según van elaborando su proceso de duelo, puede que experimenten una huida hacia adelante, que regresen a la negación, y entonces aprovechen algún evento familiar o fecha especial para reclamar la presencia de su hermano fallecido, que no es más que su inmenso deseo de que lo que pasó no hubiera pasado, de tenerle con él. Entonces, más que nunca, nuestra tarea es responder con la máxima validación y empatía posibles, para que sepan que les comprendemos, pero entiendan que eso no es ni será posible, aunque siempre le tendremos presente, porque es nuestro guerrero alado, y por supuesto también en estos días especiales, a través del ritual familiar elegido.

Raquel Villaescusa. Madre, coach familiar, doula, profesional de la comunicación y el marketing. Perteneciente al equipo de SerDoulas España.

rakavilla@yahoo.es 606175699

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