• Bea Fernández

La crianza tras un duelo: mi bebé arcoiris


Este mes que termina se ha hablado mucho del duelo gestacional y neonatal, nosotras también os hemos hablado del postparto en duelo y de cómo hablar con los hermanos sobre nuestro bebé fallecido. Pero... ¿cómo llegamos a la crianza de un nuevo bebé tras la pérdida de su hermano? ¿Es igual la crianza de un bebé arcoiris que la de otros bebés? ¿Qué retos puede presentar para las familias?

La primera pregunta: ¿cómo llegamos al embarazo de nuestro bebé?

Si el cómo llegamos emocional, física y psicológicamente a un embarazo puede determinar desde cómo lo vivimos a cómo es el parto o el postparto, en un embarazo tras un duelo esta relación es aún más intensa si cabe.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta son los tiempos... ¿Cuanto tiempo ha pasado entre la pérdida de nuestro bebé y el nuevo embarazo? Si bien está claro que cada duelo tiene unos tiempos derivados de muchos factores personales, ambientales, sociales y de la propia experiencia de esa pérdida en concreto, lo que está claro es que si perdemos a nuestro bebé, un par de meses más tarde no habremos transitado nuestro duelo, de forma que se unirá duelo y nuevo embarazo de un modo simbiótico, y serán seguramente muchos los contrastes emocionales que nos encontraremos...

Porque, se supone, las embarazadas (hablando de embarazo deseado ) están felices, ¿verdad? Pero es que este no es exactamente ese caso, sino que tenemos una mujer en duelo, una madre en duelo, pero también está en postparto y embarazada a la vez. ¿A quién le parece una situación de fácil manejo?

Se mezcla la esperanza, el amor por el bebé que crece, la tristeza por el que nos ha dejado y no volverá, el miedo porque vuelva a suceder algo así y todos los cambios hormonales de postparto y embarazo entrelazados día a día... Equilibrismo a nivel máximo, diría yo (y lo digo desde la experiencia personal y profesional)

Sin embargo, desde el entorno, que no conocían habitualmente a ese bebé que ha fallecido, que no tenían vínculo con él sino a través de la madre, se vuelca toda la energía normalmente en la esperanza, en el nuevo bebé que llega para alegrar la vida de sus padres o su madre, pero hay mucho más... y pocas veces se ve. Por lo que las mujeres embarazadas tras una pérdida prenatal o neonatal suelen sentirse algo solas, algo desconectadas y con pocos espacios donde expresar lo que sienten de verdad...

Y todo ello influye en cómo vivimos el embarazo, el parto, el postparto y... la crianza.

La segunda gran pregunta: ¿qué relación tiene el postparto con la crianza?

Habitualmente se define el postparto como la recuperación física de la madre. Básicamente, dejar de expulsar loquios tras el parto. Sin embargo, quien ha vivido un postparto sabe que no es así.

El postparto es una época que, lejos de quedar circunscrita a la cuarentena en sí, los estudios han avalado que llega, solo en su parte física, hasta el año tras el parto en el caso de embarazos llegados al tercer trimestre. Pero es que, además, el postparto tiene una función biológica y de especie, una objetivo en sí mismo más allá de la recuperación física de la mujer: la crianza.

La mujer en postparto tiene todo su cuerpo, comenzando por su cerebro, preparado y enfocado a la crianza del bebé para favorecer la supervivencia del mismo y, por tanto, de la especie. Por lo que el cómo se sienta la mujer en el postparto es fundamental para el cómo podrá enfocar la exigencia de crianza de su bebé.

La última gran pregunta: ¿qué diferencia una crianza en duelo de una crianza sin duelo previo?

Hay varias claves que suelen rondar las crianzas de pequeños arcoiris, algunas de ellas desde el embarazo.

- Miedo a la no supervivencia de nuestro bebé: el miedo es algo natural, con lo que convivimos cada día y que simplemente es un mecanismo de defensa. Es cuando el miedo nos bloquea, cuando puede ser limitante y/o movernos a tomar decisiones irracionales o a bloquearnos, cuando hemos de buscar ayuda quizás para vivirlo desde otro prisma.

- Reaparición de duelo y aparición de duelos no reconocidos: la experiencia de sentir a nuestro bebé en el útero, de dar a luz, de alimentarle, de acunarle... todas ellas son experiencias que quizás hemos vivido con el bebé al que despedimos, o que no hemos podido vivir, y ahora nos damos cuenta de haber perdido también. Y nos remueven, nos traen emociones contradictorias a ese estado de éxtasis que quizás esperábamos tener cuando al fin tuviéramos a nuestro bebé sano y feliz en brazos. Y... ¿cómo reconocemos que tenemos derecho a esos duelos y esa tristeza sin sentirnos culpables por ello?

- Culpa por la felicidad: podemos sentir que estamos dejando de lado a nuestros otros bebés, los que no llegaron a quedarse en nuestros brazos. Llegar a sentir culpa por disfrutar de la sonrisa de nuestro bebé arcoiris, como si estuviéramos traicionando su memoria, cuando la mejor honra a ella es vivir, crecer y ser felices. Pero nos cuesta a veces, porque es una mezcolanza de situaciones y de emociones compleja de manejar.

- Enfado por el olvido: nuestro entorno es muy posible que obvie a ese bebé que no se quedó, que no lo tenga en cuenta en las situaciones cotidianas, que no lo tenga en cuenta como miembro de la familia. Y que nos afee el hacerlo como si fuera una ofensa o un "hacer de menos" a este bebé que sí tenemos en brazos. Y eso condiciona. Eso hace sentir culpa incluso...

La ayuda: ¿existe?

Sin duda, existe ayuda. Desde grupos de apoyo, a grupos de madres y padres, pasando por Doulas especializadas y, evidentemente, Psicólogas y Terapeutas especialistas en maternidad e infancia. Todo eso puede estar a nuestro alcance si sentimos que lo necesitamos, apoyar nuestro postparto y nuestra crianza para que las sintamos de otro modo.

Busca, si sientes que necesitas, porque hay otras formas de entender y vivir la experiencia y no tienen que ser desde la soledad y haciendo equilibrismos.

Bea Fernández, Doula especializada en duelo y crianza, Educadora Infantil

Equipo Seroulas

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