• Bea Fernández

Una Navidad sin límites


Llega la Navidad, y con ella las vacaciones escolares, las fiestas familiares y encuentros sociales, con los Reyes Magos y Papá Noel y las tradiciones que cada familia sigue año a año. Un momento de ilusión, diversión y, a veces, también de que los peques se sientan hiperestimulados y los padres y madres hiperdesbordados. Pero... ¿se pueden poner límites en las fiestas de Navidad?

Vamos a comenzar por el principio...

Los límites y sus orígenes

Creo que lo primero es establecer qué consideramos un límite. Cada cual tenemos nuestra propia definición pero, en general, en lo que difiere es en la motivación con la que se crea ese límite. Y para mi esa es la clave.

Un límite no es más que una pauta que consideramos que debe cumplirse por algún motivo. A veces el motivo es salvaguardar la propia integridad física o la de otros (no usar cuchillos a edades muy tempranas, por ejemplo), otras se ponen para salvaguardar la integridad moral (hablar a los demás con respeto sería uno), o para favorecer un estado de salud óptimo (acostarnos a una hora concreta, tener una dieta equilibrada o no salir a la nieve en bañador serían algunos de ellos)... Todos son límites, y todos pueden parecernos razonables.

Tras estos límites que podemos considerar básicos, podemos encontrar otros, más relacionados con cuestiones sociales, familiares, de expectativas, o autoexigencia respecto a los padres que deberíamos o esperábamos ser. Estos son más complejos y más debatibles también, pero habrá para quienes sean incuestionables y fundamentales en la crianza de sus hijos.

Por ejemplo, indicar a los niños la obligación de saludar con cariño a un familiar es un límite social y familiar que puede ser más o menos comprensible según para quién. O no interrumpir las conversaciones de los adultos como signo de "buena educación", que puede ser un límite creado desde nuestra necesidad de ser aprobados como buenos padres o de que nuestros hijos sean vistos como niños respetuosos, pero también es debatible, claro.

En este sentido es fundamental para que un límite sea positivo que tengamos claro cual es su objetivo y también su origen. Si es un límite que deseamos o necesitamos poner para el mejor funcionamiento y armonía familiar, o bien es algo que hemos aprehendido socialmente o que hace de espejo nuestro para ser mejor aceptados o valorados a través de la crianza de nuestros hijos.

Cada cual eligen sus límites, valora su importancia... lo que para unos puede ser una nimiedad, para otros puede ser fundamental.

Nuestra forma de establecer límites

Otra cuestión básica es cómo establecemos y comunicamos los límites. Esto va absolutamente ligado con el origen y objetivo de los mismos, es imposible separar lo uno de lo otro. Me explico...

Si yo establezco un límite propio, que yo necesito tener claro con mis hijos como madre porque considero que será bueno para ellos y para la familia, podrá ser un límite comunicado (que no impuesto), razonado y dialogado. Podré expresar mi necesidad de que se establezca por su bien y el mío. Pero si establezco límites que no siento como propios (por ejemplo por el mero hecho de que a mi me los establecían de pequeña) me será imposible razonar, comunicar, dialogar y sentirme cómoda en ese límite.

Y esa es la forma de comunicar y establecer límites: desde el diálogo, la comprensión de la importancia que tienen para nuestros pequeños, la comunicación de la importancia que tienen para nosotros y la búsqueda de la armonía y la comunicación activa por su parte y la nuestra para favorecer el equilibrio familiar que, se supone, es la base de estos límites que hayamos elegido.

La Navidad y los límites

Y en Navidad... ¿se pueden y deben poner límites? Porque en estas fechas todo debería ser diversión, estímulo positivo, ilusión y ocio... pero, honestamente, ¿hay familia que sostenga ese espíritu toda la Navidad sin poner límites de algún modo o, como digo yo, "dosificar"?

La Navidad es ilusionante, llena de sorpresas, no vamos al cole o al instituto, a veces nos vamos de campamento, otras con familiares, o nuestra familia tiene la suerte de tener vacaciones en estas fechas. Y preparamos muchas actividades con ilusión y alegría. Pero esto no significa olvidar que existen límites que podemos establecer o sentirnos mal por utilizar los que sentimos necesarios. Eso no implica amargarles la existencia a los niños, o ser los Grinch de la Navidad. Implica que seguimos teniendo necesidades familiares, que las adaptamos. Pero que siguen estando también ahora.

El número de salidas, los horarios, la alimentación, los regalos... todo es más laxo ¡¡Estamos en Navidad!!

Pero los límites, puestos con amor y comunicación comprensiva, respeutosa y abierta, también tienen cabida para que de verdad sea una Navidad feliz para toda la familia.

Bea Fernández,

Madre, Doula y Educadora Infantil

Equipo SerDoulas

#Navidad #niños #crianza

6 vistas