• Raquel Villaescusa

Abuelos y nietos


Hay circunstancias coincidentes entre los más mayores y los más pequeños: lo tienen todo resuelto y están listos para disfrutar de la vida. Por eso es tan natural su convivencia.

Entre abuelos y nietos la relación es perfecta cuando lo que les une es vivir momentos agradables juntos y aportarse mutuamente. Y durante ese tiempo los nietos reciben vínculo emocional, experiencia vital y diversión garantizada, pues disfrutan en exclusiva de la cara más lúdica y entregada de quienes pueden hacer con ellos todo lo que no pudieron o no supieron hacer con sus hijos. Y mientras les cuidan se convierten en sus mejores confidentes, desde esa dedicación absoluta y esa paciencia infinita que caracteriza a quienes han vivido mucho, y en el ambiente más seguro, cálido y agradable. Y claro, los abuelos reciben energías renovadas, ingenuidad, pureza, alegría y ese amor incondicional y entregado que solo puede llegar desde los hijos de sus hijos.

Pero cuando los roles se cambian, se confunden o se diluyen, empiezan los conflictos: ¿ayudan o malcrían?, ¿pueden con ello?, ¿están preparados?, ¿lo harán bien? Hay algo evidente que no siempre resulta así para todos: los abuelos no están para educar, no es su labor, y tampoco lo es asumir la responsabilidad de la mayor parte del cuidado de sus nietos, simplemente, no les corresponde.

No son permisivos ni los niños caprichosos ni aprovechados, no se trata de que ambos no nos entiendan o no quieran hacernos caso ni seguir nuestras normas a 'pies juntillas', es que simplemente, no es lo que les toca, no es lo que les trae su naturaleza en esta relación, sus roles son otros, y es fundamental tener claro cuál es el lugar de cada cual en la familia, y respetarlo.

Todo saldrá mejor si desde la empatía y aceptamos y validamos sus peticiones, sus necesidades y limitaciones, y permitimos que hagan, simplemente, lo que puedan dentro de lo que realmente quieran hacer. Así fomentaremos y acompañaremos una relación cercana y muy beneficiosa para ambas partes, enriqueciendo los valores, las creencias y los lazos familiares. Una relación que se mueve desde el amor incondicional.

Sólo si comprendemos y respetamos lo que corresponde a cada cual evitaremos a los abuelos el cansancio, la impotencia, la inseguridad y ese sentirse sobrepasados, la confusión y desubicación en los niños y el disgusto y el conflicto en los padres.

Así que, como padres, no nos preocupemos tanto por lo que no sucede y centrémonos en lo esencial: deleguemos en los abuelos el cuidado y el disfrute, el tiempo compartido y el aprendizaje de vida, que ese es el mayor regalo que podemos hacerles a ellos y a nuestros hijos, ya nos ocuparemos nosotros del resto.

La ayuda de los abuelos es inestimable y tiene un inmenso valor, pero solo es eso, ayuda, porque la crianza y la educación de los hijos forma parte de quienes les dieron la vida.

#educación #crianza #familia

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