• Raquel Villaescusa, madre, doula

Coles especiales, lo especial de los coles


Si se cuenta con los recursos, la disponibilidad, las ganas y las energías suficientes, merece la pena hacer el esfuerzo para convertir un centro de enseñanza y educación en una escuela de vida.

Confiando en los niños, respetando sus tiempos y espacios y sus etapas evolutivas, ofreciendo atención personalizada, porque todos somos igual de iguales e igual de diferentes. Acompañando sus inteligencias emocionales, capacidades y aptitudes, sus necesidades individuales y conjuntas, sus procesos de cambio, su autoestima. Y es que los modelos educativos alternativos existen y son legales y posibles, tanto desde lo público cómo desde lo privado.

Espacios dónde se enseña y se aprende desde la experiencia vivenciada, donde los errores se consideran oportunidades, donde la naturaleza del ser humano y de su entorno, la creatividad, el instinto, las emociones son protagonistas, y el contexto personal, social y familiar de los niños está siempre presente.

Cuando buscamos un centro para la educación de nuestros hijos, nos informamos sobre su proyecto pedagógico, su metodología, sus valores e ideales, sus protocolos y sus apuestas, sobre el trato, el acompañamiento y el respeto, sobre su comunidad educativa, y a veces nos encontramos con que son posibles los lugares educativos con personalidad, que dan cabida a nuestras aspiraciones educativas, cuyas señas de identidad son coincidentes con las nuestras y con las de nuestros hijos, dónde el equilibrio personal, la diversidad y la integración son actitudes vitales, dónde se enseña y se aprende, seguro, pero donde lo que se persigue, sobre todo, es la consecución de la felicidad y de desarrollo pleno del ser humano.

Escucha activamente a tu hijo y conoce desde sus propuestas qué necesita, y si descubres que lo más habitual no es lo que coincide con él, anímate y busca opciones.

Porque pluralismo, igualdad, valores, aprendizaje, respeto, integración, derechos, capacidad de decisión y participación, convivencia, solidaridad, ecología, alimentación consciente, comunicación, autonomía, crecimiento personal, proactividad, descubrir, explorar, experimentar, no son solo conceptos. Porque evaluar puede ser observar y reflexionar, y también aprender y mejorar. Y es que el porqué, qué, cómo y quién, son importantes.

Porque si los niños se sienten motivados, reciben y aportan en cada uno de sus días, encuentran su camino, tienen ganas de ir al colegio y desean aprender, más allá de memorizar para salvar la asignatura, la evaluación o el curso, si descubren y potencian sus características más personales, también descubrirán el auténtico interés por la vida.

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