• Raquel Villaescusa, madre, doula, coach familiar

Acoso infantil: có￳mo detectarlo y abordarlo


Si hablamos de acoso, debemos empezar por el principio: las personas y las relaciones toxicas. Alimentadas desde la necesidad de poder, admiraci￳ón, aprobaci￳ón, que compense carencias y complejos ancladas en lo más profundo del inconsciente. Porque los acosadores son víctimas y maltratadores a la vez.

El maltrato, físico o emocional, es intencionado e injustificable. Por lo que nunca deber ser normalizado o camuflado, ni confundido con el liderazgo.

Y hablando de menores, ¿de dó￳nde procede el foco de su maltrato?, ¿quienes les acosan? Pues la toxicidad les puede legar de sus compañ￱eros y amigos, de extrañ￱os a veces, sobre todo si hablamos de ciberacoso, de sus profesores, e incluso de sus padres y madres.

Cuando las familias y los docentes, por falta de recursos y por carencias emocionales, les obligamos a una obediencia desde el miedo y la manipulaci￳ón, les menospreciamos mediante palabras o actos, les alienamos, les ninguneamos, les ignoramos, les desatendemos, les gritamos, ejercemos violencia física contra ellos, les dejamos sin pautas, sin espacio, sin capacidad de decisi￳ón, si somos imperativos e impositivos con ellos, o simplemente no les dejamos actuar por si mismos, les estamos acosando también.

Desde sus contextos sociales, los amigos y los compañ￱eros representan esa necesidad de pertenencia y reconocimiento que para el desarrollo del ser humano es imprescindible, como ser social que es, asi que si les llega desde ahí una exigencia, por intensa y no correspondiente que sea, quizá se confundan y la acepten. Y luego están los entornos digitales. La edad mínima para acceder a una red social es de 14 añ￱os y de tener sus propios dispositivos mó￳viles, entre los 10 y los 12 a￱ños. Prescriptores, generadores de opini￳ón, youtubers, influencers, bloggers, y demás figuras de valor para nuestros hijos invaden sus vidas. Para los ciberacosadores, ni￱os o mayores, resulta un medio muy ventajoso, an￳ónimo, distante, invisible, lleno de víctimas indefensas y expuestas. E incluso es frecuente cierta falta de percepci￳ón del dañ￱o por parte del agresor, confundidos desde la asunci￳ón de roles imaginarios del entorno digital, considerando por ambas partes que más bien se trata de una prueba de valor.

Así que, si se vuelven esquivos, extra￱os, se muestran enfermos o temerosos, tristes o nerviosos, se excusan ante ciertos comportamientos o ausencias, no permiten que accedamos a sus dispositivos o estemos presentes cuando los usan, si hay cambios injustificados de caracter, expresiones explosivas, si les ves desbordados sin razó￳n, atentos, porque cuando el comportamiento de un ni￱o nos sorprenda negativamente, puede que nos están pidiendo ayuda.

Si es en el entorno escolar, ponte en contacto con el centro, explícales y asegurate de que se están tomando medidas, y si continúa acude a profesionales legales y psicológicos. Controles parentales, sistemas de gesti￳ón de dispositivos escolares y programas educativos, son las mejores herramientas.

Y para atajarlo, enfrentarse a ello, porque los t￳óxicos no suelen ser valientes, debido a sus carencias, y se apoyan en grupos. Poner distancia y refugiarse en otros con quienes la relació￳n sea sana y equilibrada.

Atentos siempre a las señ￱ales, no las ignores ni las minimices. A veces los adultos tendemos a pensar cosas como "esto le hará más fuerte" o "tiene que aprender", y les exponemos a vivencias que no les corresponden, y sin el acompañ￱amiento, sostén y apoyo necesarios para poder afrontarlo. Darle la espalda no sirve. Rompe con el miedo y los condicionamientos, y rescatar el criterio, el sentido común, la consciencia y el instinto. Mantente firme en la educaci￳ón en valores y creencias. Ofrece una presencia y disponibilidad eficaz en la vida de tus hijos, fomenta el diálogo y la participació￳n familiar y muestra modelos de buena praxis, para que no necesiten buscar validaci￳ón en otros lugares y en otras personas.


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