• Raquel Villaescusa, madre, doula

Navidad en familia


La Navidad puede ser una época para compartir, disfrutar, reunirse, descansar, abrazarse, estar en familia y, por supuesto, regalar..., o una época de estrés, ocupaciones, compromisos, obligaciones, compras aceleradas recorriendo establecimientos repletos a última hora, y viviendo aún más rápido y más en automático que durante el resto del año.

Está en nuestras manos. Podemos elegir con nuestra pareja y desde nuestro núcleo familiar. Y según lo vivamos, así les llegará a nuestros hijos, y al resto de familiares y amigos con quienes compartamos estas fechas.

En los momentos de conjugar con los más pequeños, ávidos de vacaciones, planifica. Escoge lo que quieres hacer, cuando y con quién, y piensa en todos los que vayan a participar, para que nadie se sienta excluido ni obligado, anticipando cuestiones que puedan suceder, para evitar momentos incómodos y posibles conflictos.

Cuando lo tengáis todo claro, contádselo al resto de la familia, y pedid sus aportaciones, y veréis como las propuestas de los más pequeños os sorprenden gratamente.

Después seguro que toca reajustar, priorizar actividades y miembros de la familia, no solo por cuestión logística, sino también por empatía y respeto a los otros y a la importancia que tienen para ellos sus cosas, aunque no coincidan con las nuestras.

Y al final flexibiliza, porque no todo o casi nada de lo previsto saldrá como pensamos, pero una cosa es segura: el objetivo siempre será disfrutar de una Navidad en familia.

En cuanto a los regalos, dice el diccionario que un regalo es la entrega de un obsequio de forma desinteresada, que lejos de necesitar ser algo material, puede ser cualquier manifestación de afecto dirigido a otro como expresión de amor, amistad, gratitud o tradición, como símbolo de celebración. Está en nuestras manos hacerles llegar a nuestros hijos la ilusión por recibir y entregar, por tomarnos tiempo y esfuerzo en elegir, siempre pensando en la ilusión del otro, y también el hacerles entender que lo importante es entender por qué y a quién regalamos y con quién lo compartimos, y que el mejor regalo son ellos y nosotros, y los momentos que pasamos en familia.

A la hora de elegir qué comprar, ponernos en el lugar del otro, en sus ilusiones y necesidades, aunque no coincidan con las nuestras.

En cuanto a los niños, a través del juego descubren el mundo y a sí mismos, y sueñan qué van a ser de mayores o cómo les gustaría vivir en un futuro. Jugar es innato, instintivo y fundamental para su desarrollo. Así que, en Navidad invítales a jugar, según su etapa evolutiva, sus capacidades y habilidades.

Que experimenten, inventen, imaginen, resuelvan, creen. Que aprendan a aprender, a conocer y gestionar las emociones, a recibir valores, a compartir, si toca, y a comunicarse.

Acompáñale en sus juegos e invítale a jugar desde el respeto, y cuando asegúrate de que dispones de las condiciones necesarias para el juego, y de ti mismo.

Y tras tantas vacaciones, a todos nos toca volver a la rutina. Para los peques, es una vuelta a la adaptación, y cuanto más pequeños, más costará. Reiniciamos esta incorporación, y nos vemos de lleno en el segundo trimestre escolar, y nos parece a todos que estamos empezando de nuevo. Así que toca afrontarlo y ponernos al día, recordando y manteniendo lo que nos había proporcionado las rutinas y la gestión del tiempo que nos resolvía, dándonos un margen razonable y plausible para ello, y teniendo presente que no es lo mismo adultos que niños, y tampoco niños mayores o pequeños.

Sea como sea, y ahora y siempre, lo que más necesitarán nuestros hijos es el mantenimiento de sus rutinas familiares y nuestra disponibilidad lo más permanente posible, así como que les verbalicemos que entendemos en qué momento se ven. Valora y valida sus emociones al respecto. Habla con ellos. Ayúdales a reconocer y potenciar sus habilidades y talentos y a trabajar sus debilidades, porque este es el momento.

¡Feliz Navidad y feliz vida, familias!


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