Empoderarse, no ser adoctrinada

December 10, 2017

Hace unos años que un término ha entrado en el vocabulario de la maternidad con fuerza, creando largas conversaciones y ríos de tinta sobre él y la consecución de lo que implica, de lo que nos puede aportar: empoderamiento.

Empoderar, según la RAE, es un término usado en los textos de sociología "con el sentido de ‘conceder poder [a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente] para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida’." Quizás, como en ocasiones anteriores, la RAE haya de revisar su definición para actualizarla y adecuarla a la sociedad actual, pero el sentido de esta palabra es básicamente el que esta entidad describe: ceder el poder, favorecer la autogestión para que, a través de ella, alguien que ahora está en situación más débil pase a estar en otra posición mejor. 

Hasta ahí estamos todos conformes; todos estamos de acuerdo en dar el poder a cada individuo para que decida cómo ha de gestionar su vida y, en concreto en nuestro caso, cómo ha de vivir su maternidad y qué decidirá en ella, haciéndose así responsable y propietaria de esa vivencia. 

En aras de este empoderamiento trabajamos muchos profesionales de la maternidad y la salud. Dedicamos nuestro tiempo a aprender y mejorar en nuestro día a día para poder ofrecer informaciones más completas y mejores servicios a las mujeres y familias que deciden acudir a nosotros pero... ¿cómo enfocamos ese empoderamiento? ¿Lo hacemos de modo adecuado?

Cada día encuentro pistas que me llevan a creer que quizás no estamos trabajando del modo que debemos... Se trata de frases, palabras sueltas a veces, tonos en conversaciones o mensajes escritos u orales... muchos mensajes más o menos explícitos que realmente no dejan espacio a la entrega de poder, sino a un conductismo diferente al anterior en cuanto al destino al que nos quieren llevar, pero conductismo al fin.
 

 

Quizás, para que se entienda mejor, será bueno que ponga un ejemplo... 
Esta mañana, en la tutoría que ofrecía a una alumna de la formación online para Doulas, hablábamos sobre parto y expectativas. Y entonces llegó. El momento que muchas Doulas hemos vivido. Ese en el que pesa sobre las expectativas que los demás tienen respecto a nosotras la palabra Doula y la imagen que parte de la sociedad tiene de ella. 
A mi alumna (me cuesta llamar así a las Doulas en formación porque para mi son también grandes maestras) ya le habían dicho que, claro, al ser Doula, si tenía otro hijo pariría en casa. Y al responder mi alumna que a día de hoy no se lo planteaban así, su interlocutora se apresuró a juzgar que lo que necesitaba era un "empujoncito" hacia el "buen parto" y le recomendó hablar con esta u otra persona para que se le quitaran "esas cosas de la cabeza".



En toda esta conversación, aparentemente sin importancia, se ve claramente a lo que me refiero con el adoctrinamiento hacia otros lugares diferentes... pero adoctrinamiento al fin.

Dejando a un lado esa imagen falsa de que las Doulas hemos de cumplir el estandar de parir en casa o tener una crianza específica de nuestros hijos, cosa que de por sí es un prejuicio absoluto hecho desde el desconocimiento, me voy a centrar en la segunda parte...
¿Qué implica decirle a una mujer que si no quiere parir en casa es porque ha de quitarse esto o lo otro de la cabeza? ¿No supone dejar de dar valor a los criterios de esa mujer y, por tanto, dejarla sin poder porque se la considera desinformada o manipulada en la toma de decisiones? 
¿No es acaso lo mismo que se hace cuando se vulnera la ley de atención al paciente y se ignora el criterio de las mujeres respecto a sus decisiones de parto diciéndoles que sólo el personal sanitario sabe lo que es mejor para ellas?
Para mi sí es lo mismo. Quien hace uno u otro intento de convencer a la mujer lo hace desde la absoluta creencia de que aconseja lo mejor para ella, de que las otras opciones son negativas para ella. Pero... ¿dónde está ahí el poder de la mujer a la hora de decidir? ¿En qué sentido le estamos dando poder alguno a una mujer a quien le decimos de modo más o menos sutil que es incapaz de decidir? 

Claro que hay una serie de evidencias científicas que apoyan un tipo de parto más fisiológico, más natural, menos intervenido pero... ¿acaso damos poder a la mujer tratándola como una pobre marioneta desinformada? ¿Es esta la forma en la que somos conscientes, respetuosos y tratamos de mostrar a las mujeres el poder inmenso y la gran capacidad que tienen? ¿No sería mucho más respetuoso con sus decisiones, su poder y su camino darles la información que poseemos si la desean de modo objetivo y no esperando que cambien sus opciones en modo alguno?

Nos falta mucho camino, me temo... Porque este no es un hecho aislado, es algo que se puede observar con cierta cotidianidad. 
Se ven caras de pena cuando hablas de una u otra intervención en tu parto, mujeres que esconden el hecho de haber elegido esto o lo otro para su parto, lactancia de su bebé o crianza... ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué sienten la necesidad de esconderse o incluso de justificarse o mentir ante una decisión que toman? 
¿No será que en el camino a la maternidad consciente y el empoderamiento nos hemos perdido por senderos que conducen a otro tipo de conductismo y adoctrinamiento? ¿No es tal vez muy fácil caer en ello cuando crees absolutamente en que ese tipo de maternidad, de parto, es el mejor? Claro que sí, puede ser el mejor. Pero, ¿el mejor para quién? ¿Para quien ofrece la información o para el total de las mujeres y familias sin tener en cuenta sus circunstancias?
Honestamente, eso no es devolver el poder, eso no es ofrecer el espacio para que la mujer decida libremente y se autogestione. Con este modo de actuar lo que hacemos es trasladarle que ella no puede, no sabe, está atada y manipulada, y por ello nosotros la hemos de ayudar, salvar... la hemos de empoderar... Y, en el camino, ¿quién se empodera? ¿Ellas o nosotros? ¿No es ella quien ha de decidir tomar las riendas, tomar sus decisiones y valorar sus alternativas? ¿No es ella acaso quien ha de empoderarse?

Personalmente, no creo que haya un estándar de maternidad bueno para todas las mujeres, ni para todos los bebés. No creo que haya un manual de actuación para una maternidad feliz que indique que si tienes este parto, esta lactancia y esta crianza seréis felices. Creo en el camino individual de cada mujer, en su capacidad de decisión de lo que es mejor para ella y su bebé, en que la información que le llegue la procesará en el momento que sienta que ha de hacerlo, y que solo ella puede identificar. Creo en cada maternidad y paternidad individual, en cada bebé.
Porque ellos pueden, ellos son poderosos, y yo... yo no soy más que una persona que está a su lado, confiando, conteniendo y escuchando lo que desean trasladar.


¿Y tú? ¿Crees en su poder?

 

 

Bea Fernández

Madre y Doula

Equipo SerDoulas

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