Violencia obstétrica: dolorosa realidad

November 24, 2017

Existe en nuestra sociedad muchos tipos de violencia. Alguna mucho más explícita que otra, alguna más frecuentemente aceptada y normalizada que otra... Las hay físicas, indirectas, verbales... incluso silenciosas e invisibles. Todas dañinas, todas destructivas. Hay una en especial que atañe a las mujeres, los bebés, las familias... y a la construcción de nuestra sociedad, debido a lo que siembra en todas las personas a las que afecta de forma directa. Y es la violencia obstétrica

 

Además de ser terrible por ser violencia, lo es aún más por ser una parte de esa violencia de género que está tan extendida en nuestra sociedad, y que tiene como víctimas también a los hijos e hijas de las mujeres a las que se violenta y abusa. Pero, para más inri, es una violencia aceptada y escondida bajo pretextos de cuidado, paternalismo e infantilización de las mujeres. Bajo el peso de una supuesta ayuda, cuidado o atención que quienes ejercen esa violencia dispensan a las mujeres. 

Sucede además en espacios donde se supone que las mujeres van a buscar ayuda o soporte en momentos íntimos y emocionalmente expuestos. Espacios cerrados donde posteriormente se suele negar esa violencia. 


Se niega la existencia de intervenciones "por rutina" no justificadas, se niega la no aplicación  

de protocolos más respetuosos con la fisiología y el respeto a bebé y familia, se niega que se haga caso omiso de las recomendaciones de la OMS y del propio Ministerio de Sanidad respecto a parto, puerperio y primera crianza... Se niega todo lo que no encaje con la versión oficial de lo que sucede en el parto y en la atención a la maternidad.
Pero, señoras y señores, la violencia obstétrica es una realidad, la violencia contra los bebés en el momento de su nacimiento es una oscura y disimulada violencia que se trata de negar amparándose en prácticas injustificables con los conocimientos actuales de la fisiología del parto y del nacimiento.
Y esa violencia empieza normalmente mucho antes... cuando negamos que existe, estamos ejerciendo violencia extra contra las mujeres y bebés que han sufrido este tipo de maltrato en los partos y nacimientos. Cuando la justificamos sin base científica alguna estamos ejerciendo violencia extra sobre la víctima que la ha sufrido. Cuando negamos su realidad, estamos ejerciendo una violencia sistemática sobre cada persona que ha vivido y ha sentido en sus carnes este tipo de prácticas.

Cada vez más organismos oficiales, nacionales e internacionales, reconocen y muestran esta realidad: la violencia obstétrica.

Podemos decir que no la hemos vivido o no la hemos visto o no la hemos ejercido. Pero ¿quienes somos para negar la realidad de tantas mujeres y bebés? ¿quienes somos para tratar de borrar la vivencia de todas esas personas y las consecuencias psicológicas, emocionales, físicas, sociales, sexuales y de todo tipo que puede conllevar el sufrir violencia obstétrica?

Se ejerce violencia obstétrica y en la atención a la maternidad en tantas circunstancias, y es tan poco valorado que esta semana no debería ser un día o una semana las dedicadas a visibilizar y valorar lo que debemos cambiar y cómo, sino todos los días del año.


- Te han llamado "gorda" o te han dicho que te estás poniendo "como una foca" en tus controles prenatales por coger más kilos de los que se espera.
- Te han dicho que "con tanta grasa la ecografía no se ve bien".
- Te han dicho que si no te pones la epidural en ese momento "ya llorarás después".
- Te han suministrado oxitocina o cualquier otro fármaco sin tu consentimiento.
- Te han amenazado con la posible muerte de tu bebé si no accedes a la intervención que te proponen sin presentarte prueba alguna de que eso pueda suceder y la necesidad para tu bebé.
- Te han obligado a estar tumbada sin motivo médico mientras querías moverte en tu dilatación.
- Te han practicado una episiotomía sin avisarte.
- Te han obligado a vivir sola tu parto o cesárea, impidiendo el acceso de tu acompañante elegid@.
- Se han llevado a tu bebé cuando habías pedido expresamente que no fuera así sin mediar motivo médico justificado.
- Te han quitado el cuerpo de tu bebé que ha nacido muerto pese a que has pedido despedirte de él.
- Han aplicado protocolos o realizado pruebas que no has autorizado a tu bebé.
- Te han atado los brazos y/o quitado las gafas durante tu cesárea.
- Te han informado parcialmente o no te han informado de alguna circunstancia de tu parto o de las intervenciones que realicen.
- Te han ridiculizado o faltado al respeto de modo alguno durante la atención a tu parto/embarazo, consulta de ginecología.
- Te han ridiculizado o faltado al respeto cuando has entregado tu plan de parto o lo han utilizado para burlarse con otros profesionales o personas.
- Te han ridiculizado o infantilizado por expresar tu dolor ante la pérdida de un bebé en cualquier etapa de la maternidad.
- Han dificultado tu acceso a tu bebé para facilitarle lactancia materna o han suministrado algún tipo de fórmula o suero glucosado a tu bebé en contra de tu voluntad.
- Te han ridiculizado con frases como "las primerizas es que sois unas histéricas" o "es que no sabéis ni ponerlos a la teta".
- Han vulnerado tu derecho a conocer el personal que te atiende a ti y a tu bebé y saber y autorizar la presencia de personal en formación.
Y podemos continuar, porque hay muchísimo más que se hace cada día en los hospitales de nuestro país y de muchos otros. Violencia contra las mujeres embarazadas o no, de parto o contra sus bebés, a quienes se niegan derechos tan fundamentales como estar acompañados de su madre, padre o tutor y que reciba la información médica correspondiente en su nombre... Y es una realidad.

Así que, como realidad tangible, denunciable y denunciada en un porcentaje de casos (todavía bajo por las enormes dificultades que se suelen poner a este tipo de denuncias), me atrevo a pedir, a exigir en nombre de las víctimas de este tipo de actos que no se niegue la evidencia, que no se mire a otro lado. Que escuchemos a las víctimas y las reconozcamos. Que los profesionales que trabajan para una buena atención a la maternidad no se desanimen, que sigan esforzándose cada día porque lo apreciamos, lo reconocemos. Que den un paso adelante víctimas y testigos para denunciar y que esta lacra se pueda erradicar. Que este ejercicio de poder intolerable e injusto desaparezca de los lugares que deberían trabajar por y para la maternidad, su respeto y el reconocimiento del poder de cada mujer, cada bebé y cada familia.

No tenéis derecho a negar la evidencia. Es una forma más de violencia contra quienes ya son víctimas.
No tenéis derecho a ejercer violencia sobre quienes debéis cuidar y atender.
No tenéis derecho a violentar a l@s compañer@s de profesión que tratan de trabajar con respeto.

No tenéis derecho a utilizar a l@s acompañantes para convencer a las mujeres de lo que queréis hacer.

No tenéis derecho a violentar a l@s acompañantes de una mujer cuando se niegan a vulnerar sus deseos/derechos.

No tenéis derecho a ejercer violencia contra las madres y padres que solo quieren estar con sus bebés, vivos o muertos.

Levantémonos y demos un paso adelante. No sigamos en silencio.
POR UNA SOCIEDAD SIN VIOLENCIA: MI CUERPO, MI VIDA, MI MATERNIDAD, MI BEBÉ, MIS DECISIONES.

 

 

Bea Fernández

Doula, equipo SerDoulas

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