LACTANCIA EN EL DUELO PERINATAL, MI EXPERIENCIA

January 10, 2018

Hoy quiero trasladaros mi experiencia personal por si a alguien le puede servir de algo.
Hoy, hace 5 años que mi hija Alba partió. Lo hizo una semana después de su nacimiento y... no sólo yo lloraba lágrimas de sangre, sino que mi pecho me recordaba constantemente que seguía produciendo leche para alimentarla.


Durante la semana que Alba sobrevivió, estuvo ingresada en la UCIN, era una bebé prematura de 32+5 semanas y, por los problemas que presentaba, no llegó a ser alimentada con leche.
Aún así, desde el mismo día en que nació, fui estimulando el pecho y extrayendo leche para cuando pudiese tomarla.
Me sacaba durante el día cada 2 horas y durante la noche, aprovechando los picos de prolactina, cada 3 horas máximo.

Durante mi estancia en el hospital, me extraía en el lactario, iba rellenando los frascos que, entre extracción y extracción conservaba en la nevera que había para tal fin y, a la noche, lo llevaba a biberonería, donde, marcado con nombre del bebé, número de incubadora y fecha de extracción, la congelaban.
 

Una vez me dieron el alta... durante el día, me seguía sacando en el hospital, porque era donde permanecía y, durante la noche, en casa. Iba recogiendo la leche en los biberones que el hospital me facilitaba, la guardaba en la nevera, en la zona más fría (nunca en la puerta porque al abrir y cerrar se producen diferencias de temperatura que pueden hacer que se eche a perder) y, cuando por la mañana temprano salía hacia el hospital, guardaba la leche en una bolsa térmica, que dejaba en la nevera también y así me aseguraba que no se produjesen cambios hasta que era entregada de nuevo a biberonería.

Pero... y ¿Qué ocurrió cuando mi pequeña falleció? Pues... en mi caso, antes del desenlace, supimos unas horas antes que iba a ocurrir. De hecho, tuve la grandísima suerte de poder decidir pasar con Alba sus últimas horas de vida. Las únicas en las que pude sostenerla en mis brazos.
Durante ese tiempo, lleno de emociones, lágrimas, sentimientos... con su roce, su calor... simplemente sentir su cuerpecito en mi regazo, hizo que la leche subiese a ritmo acelerado.
No tenía subidas a cada X horas, sino que era casi un no parar.
Era algo así como si mi pecho supiese qué estaba ocurriendo y llorase también a su manera.

Tanto fue así que, durante las cinco horas que permanecí sin sacarme leche para no separarme de Alba ni un sólo segundo, tuve que poner gasas rellenas de algodón que las auxiliares y enfermeras me facilitaron.
Llegó un momento en el que el tomar aire hacía que me doliesen los pechos más aún.

Tras el desenlace... y con todo el dolor, las lágrimas, el sufrimiento. Con esa sensación de no estar con los pies en la tierra, como si no fuese contigo, como si todo fuese una pesadilla de la que en algún momento vas a despertar... tenía que aliviar el pecho. Y decidir qué hacer con esa lactancia. Y con la leche recogida hasta ese momento.
Muchas decisiones en un momento TAN DESGARRADOR. Decisiones que no podían hacerse esperar porque mi cuerpo seguía, y seguiría produciendo leche, como hasta ese momento, para Alba. Mi cuerpo y mis hormonas no entendían ni sabían si Alba se había ido o si permanecía con vida.

Mi primera decisión era clara y completamente segura: todo el alijo de leche, sería donado para los grandes prematuros del hospital que así la necesitasen.

La segunda... tampoco me costó trabajo tomarla, aunque luego, meses más tarde, me arrepintiese.
Necesitaba "quitar" aquello. Necesitaba que mi cuerpo parase YA de recordarme que aún producía leche. Necesitaba parar cuanto antes. Bastante dolor era ya despedir a mi hija, despertar de aquella realidad y ser consciente de que JAMÁS la volvería a ver... como para tener que estar sacando leche o aliviando el pecho cada cierto tiempo.
Así que... pedí las pastillas. Creí que aquello sería la cura de mis "males" y... nada más lejos de la realidad.


A pesar del tratamiento, mi cuerpo aún producía, y yo entendía qué pasaba.
Me mandaron vendarme el pecho, usar sujetadores que me apretasen, que redujese la ingesta de líquidos.... y que no me sacase leche porque todo ello contribuía a la estimulación.
Por aquel entonces no tenía la información de ahora, y tampoco estaba yo como para contrastar ni buscar nada. Así que.... seguí sus indicaciones y... acabé con una mastitis de órdago.
Fiebre, dolor, rojez, bultos, muchos bultos, pechos piedra, más bultos (debajo de las axilas, por el pecho, casi en las clavículas...). Recuerdo llorar ya no sólo del dolor de la muerte de mi hija. Sino del dolor físico TAN GRANDE que tenía.
La cesárea, las grapas, la mastitis...
Pese a que mi entorno me regañaba, creyendo que era lo mejor para mí, yo empecé a sacarme leche por mi cuenta. Sólo para quitar aquellos bultos enormes. Eran tan grandes que me daba miedo mirarme al espejo.
Pero... en cuanto me sacaba un poco... otra subida bestial se producía.
No sabía qué hacer... ¿por qué me estaba pasando todo eso a mí? ¿Acaso no tenía suficiente con haber enterrado a mi hija?

La fiebre me obligó a acudir al médico. Esta vez fui a urgencias de mi CAP. No estaba preparada para volver a pisar maternidad. No podía.
El chico que me atendió, se echó las manos a la cabeza y me pidió que quitase aquel sujetador tallas más pequeñas que ls que necesitaba, me dio tratamiento para la mastitis y me volvió a pautar otra vez otro tratamiento para retirar la leche.
Me dijo que aliviase el pecho lo justo, las mínimas veces posibles, y que intentase no beber demasiados líquidos.

Esta vez... y 20 días después de fallecer Alba... la leche se fue.

Por una parte, sentía el alivio de no tener aquel dolor horroroso, aquellas subidas brutales, aquel martirio... sentía que era un martirio porque mi cuerpo fabricaba leche para alguien que ya no estaba...
Pero por otra... fue algo así como alejarme del todo de Alba. Como la despedida final. Ya nada me vinculaba a ella... (eso sentía en ese momento)

Con estas palabras, con esta vivencia, sólo intento explicar la importancia de recibir apoyo (un buen apoyo, uno "correcto") en estos casos. Porque ya bastante dolorosa es la despedida para siempre de un hijo... como para añadirle más dolor aún...

 

Eliana Martínez

Doula, Asesora de Lactancia. Asesora Stillbirth Support y Madre

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