Círculo de familias: porque para criar no hay instrucciones y la sociedad ha exterminado la tribu natural

 

Vivimos demasiado deprisa y esto nos impulsa al automatismo inconsciente. Vivimos sin saber qué, cómo y desde dónde vivimos. A penas podemos compartir y casi no disponemos de referencias. La sociedad que nos ha tocado vivir se centra tanto en que seamos lo que hacemos, que aliena nuestro instinto natural, y una de las facetas del ser humano más afectadas por ello es la convivencia familiar y la crianza.

 

Olvidamos que nadie mejor que nosotros sabemos lo qué nos pasa y por qué nos pasa, olvidamos que el origen de lo que nos sucede suele estar en nuestro interior, olvidamos que la solución a nuestros problemas pasa por considerarlos como avisadores aliados, y no como enemigos a los que eliminar, esconder o anular. Y por supuesto olvidamos que nadie comprende mejor a nuestros hijos que nosotros mismos.

 

Es necesario expresar para sanar, y eso, como casi todo, los niños lo aprenden de sus padres. Y es importante asumir esta responsabilidad, porque la sociedad nos vende todo lo contrario. Nos arrastra a esconder nuestros sentimientos y nuestras emociones, porque así mantendremos el automatismo de nuestra funcionalidad y seguiremos sirviendo al sistema. ¿Pero no es verdad que somos más que eso?

 

¿Sabes que nuestros hijos llegan a este mundo predispuestos a la felicidad? ¿Qué tal si permitimos que lo sean? Agradecer, reconocer, valorar y validar, empatizar, permitir, ofrecer alternativas, siempre desde el respeto y la admiración que sin duda debemos tener, a estos seres bajitos pero maravillosos que han llegado a este mundo para enseñarnos a vivir mejor y darnos oportunidades para resolver nuestros conflictos personales y crecer como seres humanos. Si su entorno es amable, cómodo, amoroso, entregado, nuestra familia se verá enriquecida y la estabilidad mental de nuestros hijos favorecida. Una ‘educación positivista’  hace que los niños se sientan más seguros y tengan una autoestima óptima y saludable. Una persona positiva capta, interpreta y gestiona mejor la realidad que le rodea. Las etiquetas, la educación impositiva, las discusiones, los castigos, la disciplina sin razón ni emoción perjudican y limitan el desarrollo de la identidad de los niños, no permitiéndoles valorar las cosas, las personas y las circunstancias en su justa medida.

 

Si les acompañamos desde el vínculo y el amor incondicional, y les aportamos herramientas para lograr sus objetivos por sus propios medios, aprendiendo a equivocarse y a aprender desde el error, se sentirán más autónomos y podrán dejar rienda suelta a sus emociones, desde la asertividad y la inteligencia emocional, sin duda innatas.

Cuando son bebés, nuestra afectividad pasa a formar parte de su personalidad. De pequeños, sentirse amados y sostenidos, elogiados y apreciados les hace crecer disfrutando de la vida, seguros de que estamos ahí.

 

Según se acercan a la adolescencia llegan el orgullo y la vergüenza, la personalidad retadora, la disconformidad, el aprendizaje en la gestión de los sentimientos y las reacciones, y nos invade el miedo, el desconcierto, la inseguridad, pero no son el enemigo, nos necesitan más aun, si sabemos seguir acompañándoles y sosteniéndoles, aunque ya no seamos sus referentes, aunque ya no nos idealicen, y ahí es cuando debemos darnos la enhorabuena, porque hicimos bien nuestro trabajo, logramos hijos saludables emocionalmente hablando, adolescentes que empiezan a despegar, a conformar su personalidad, empiezan a buscar con determinación e ilusión su felicidad y la de quienes les rodean.

 

¡Ya está bien de creernos que el que reconoce y muestra es débil! ¡Ese es el fuerte! ¡El que es capaz de ir contra corriente para defender lo suyo! ¡Expresar al otro lo que nos sucede, nuestros errores, nuestro perdón, eso es de valientes! ¡Llorar es bueno y necesario para todos!

¡Os invito a rechazar la necesidad de apoyo externo y de asistencia de la medicina convencional como única solución a nuestros problemas! ¡Os invito a empoderaros para poder decidir vosotros mismos qué es un problema o una enfermedad y qué no lo es, qué requiere apoyo externo y qué no! ¡Os invito a la reflexión, a la autoconfianza, a la toma de consciencia, a la escucha activa, a la empatía! ¡Os invito a la reconciliación con el ser humano que sois! ¡Os invito a una crianza natural y respetuosa cuya bandera es nada más y nada menos que el amor incondicional!

 

 

¿Me acompañáis en la propuesta de sentirnos libres para mostrar nuestros sentimientos y para encontrar las herramientas que nos ayuden a hacerlo? ¿Me acompañáis a defender que el ser humano es todo uno, mente y cuerpo, físico y emociones, terrenal y espiritual, y que todo lo que nos sucede viene de nosotros mismos?

 

Os espero es este y en otros círculos de familia que dirijo, gestiono y modero en algunos pueblos de la periferia noroeste de Madrid. Os espero en este taller en el que hablaremos de crianza, de maternidad y de familia, de la vida, la cotidianidad, de la convivencia, de las incongruencias de la socialización y la inclusión en el sistema, de cómo ser lo más felices posibles y de cómo acompañar a nuestros hijos en esa búsqueda para que se conviertan en adultos libres, conscientes, pacientes, agradecidos, compasivos, templados... ¡En el adulto que todos queremos llegar a ser!

 

rakavilla@yahoo.es 606175699

https://rakavilla.wixsite.com/misitio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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