Posparto en duelo, el gran olvidado.

October 16, 2018

Normalmente el posparto es una fase que suele sorprendernos tras la maternidad, a nivel social no se habla mucho de este periodo, tan duro como transformador, que llega dispuesto a poner nuestro mundo patas arriba. Pero hay un posparto del que se habla menos aún, y es el que se da cuando en esta nueva maternidad fallece el bebé que esperábamos ante, intra o tras el parto, dando paso a una fase de posparto muy diferente de la habitual. Y es éste último el que toca presentaros hoy, aprovechando este mes de Octubre que está dedicado a la concienciación de las pérdidas gestacionales, perinatales y neonatales.

 

Habitualmente lo que se entiende por posparto son los 40 días que le siguen al parto, la famosa cuarentena de la que todas hemos oído hablar, tiempo en el que se supone que irá disminuyendo el sangrado progresivamente y nuestro cuerpo volverá a la normalidad. Pero luego nos encontramos que la realidad dista mucho de esta consideración tan arraigada a nivel social.

 

A nivel físico, efectivamente, serán aproximadamente 40 días los que estemos sangrando, pero el cuerpo tardará hasta 12 meses en recuperarse de ese parto. Nunca volverá a ser el mismo, y menos aún si hemos sufrido alteraciones patológicas como puede ser la diástasis abdominal, sínfisis púbica o adherencias de cicatrices queloides o hipertróficas que puedan complicarse después de una cirugía mayor como es la cesárea o una episiotomía. Pretender que una mujer que acaba de pasar por el proceso de parto en 40 días esté plenamente recuperada es tener expectativas muy poco realistas, pero que pasado ese tiempo el útero habrá vuelto a su posición y habrá cicatrizado correctamente (si no hay complicaciones) es cierto.

 

Pero el posparto no es sólo físico, el posparto es una fase que, a nivel emocional, puede alargarse en el tiempo hasta ocupar varios años.

El posparto es un maestro que viene a ayudarnos a transitar al otro lado, a abandonar la mujer que fuimos y que nunca volverá, a descubrirnos cómo la maternidad ha cambiado cada poro de nuestra piel, cada sentimiento y emoción que será completamente nuevos. Y cuando, de pronto, te encuentras naciendo como una nueva madre, pero sin bebé, este periodo se torna bastante oscuro.

Nos adentramos en un posparto en el que el vacío es su principal protagonista, en el que los cambios hormonales no van a ser regulados con la lactancia y el apego hacia ese bebé, y en el que comenzaremos el duelo por ese bebé que venía cargado de sueños y por el cual se habían modificado todos los planes de futuro que ahora comenzarán a ser bien distintos.

Si el bebé fallece antes o durante el parto, en el posparto inmediato e intermedio reinará un estado de shock profundo, que se mantendrá hasta que se consiga asimilar lo sucedido. Y poco a poco se irán abriendo paso las diferentes etapas del duelo que se mezclarán con el proceso vital del postparto.

 

He querido separar algunas de las vivencias del posparto sin bebé en dos bloques, uno físico y otro emocional, para que se entienda bien el paso por esta vivencia.

 

EN EL PLANO FÍSICO:

  • La lactancia. Aunque el bebé ya no conviva a nuestro lado, la subida de leche se produce de igual manera, muchas veces incluso habiendo tomado medicación para evitarla. A menudo es algo a lo que no se presta demasiada importancia, ya que se considera “un mal menor” dentro de lo ocurrido y sería recomendable que a nivel sanitario se presentase información y opciones al respecto.

Hacer una inhibición fisiológica de la leche es posible, y a menudo, es más recomendable, ya que la farmacológica alterará (aún más) nuestro estado hormonal actual que intenta volver a equilibrarse.

También hay otra opción que ha sido realmente sanadora en muchas madres que han decidido llevarla a cabo, y es la donación a un banco de leche. Saber que tu leche materna va a ser vital para otros bebés en riesgo y les puede ayudar a salir adelante, ha hecho que muchas madres hayan elaborado su duelo de manera totalmente diferente, con un empoderamiento especial que les ha facilitado mucho este tránsito.

  • Aspecto físico. Nuestro aspecto físico, puramente dicho así. Tras una pérdida tan devastadora enfrentarse al espejo puede ser realmente difícil. Esa tripa aún hinchada nos recuerda que ahí vivía nuestro bebé y ¿dónde está ahora? No lo encontramos ni en nuestro vientre ni en nuestros brazos y resulta muy desolador. En muchas ocasiones se evita incluso el salir a la calle, porque nuestro cuerpo puede parecer que aún está habitado por nuestro bebé y se quieren evitar preguntas indiscretas (¿para cuando?, ¿aún no has parido?...)

  • Los puntos. Tanto de una posible episiotomía como de un desgarro o una cesárea, implican un cuidado por el que muchas veces no se desea pasar por ser una herido muy directa con el proceso de parto vivido.

  • El sangrado. La citada cuarentena que hace presente cada día que tu cuerpo está en recuperación, pero que por dentro a nivel emocional nunca llegará a sanarse del todo.

  • La primera regla. También se puede asociar al sangrado, pero la primera regla después de una pérdida muchas veces se percibe como una señal de alarma al pensar que si se da un nuevo embarazo puede volver a ocurrir de nuevo: el cuerpo vuelve a ser fértil, cuidado!

EN EL PLANO EMOCIONAL

  • Entrar en el hospital embarazada y salir con los brazos vacíos es un choque muy duro contra la realidad.

  • Llegar a casa y encontrar las cosas que iban a ser para tu bebé. Gestionar la decisión de qué hacer con esas cosas es algo muy personal que cada madre enfrentará de maneras muy diversas: donación, devolución, guarda…

  • Gestiones legales y preparación del entierro. En pleno estado de shock se abren paso los papeles hospitalarios y de gestión del entierro o cremación que se agolpan sin ninguna lógica en las manos de la puérpera. Tomar decisiones sobré si hacer autopsia o no a tu bebé o si lo vas a enterrar o incinerar no tiene mucho sentido en esos momentos en los cuales aún no comprendes qué ha sucedido. Estar bien acompañados y el proceder de los sanitarios pueden ser claves en estos momentos.

  • Asistir al entierro de tu bebé. Lo que algunas madres intentan evitar a toda costa al no sentirse preparadas para ese momento, para otras es una necesidad imperante al poder “cerrar” una parte del proceso que acaba de comenzar.

  • Espera de resultados de autopsia o necropsia. Se suele alargar en el tiempo y no es común recibir resultados en el postparto más inmediato, pero sí cuando se está inmersa en esa asimilación de la nueva vida sin tu bebé.

Un posparto sin bebé resulta muy complicado, cada persona gestiona su duelo de forma bien distinta, y muchas mujeres se ven capaces de asumir su duelo en soledad mientras otras precisan el acompañamiento de una doula o ayuda de terapia psicológica.

 

Nunca se debe pensar en la necesidad de superar la pérdida en un tiempo determinado, sino en retomar una nueva normalidad que estará llena de otros significados junto con ese dolor.

 

Podremos avanzar en el duelo y en el posparto si incorporamos la realidad de nuestra tristeza a nuestra rutina, de esta manera mantendremos el recuerdo de nuestro bebé y encontraremos una nueva normalidad. Reconocer a nuestro bebé como el miembro de la familia que es, nos permitirá retomar con fuerza y seguridad nuestros actos cotidianos.

 

Iris D. Montesinos

Mamá de 6, 2+ 3 estrellas y mi pequeña Z,

Integradora social, Asesora de porteo y Doula en formación.

Equipo Ser Doulas.

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