¡Estoy enfadado!: rabietas y otros estados de ira, en la comunicación en familia

¿Qué es una rabieta? Simplemente una reacción desmedida y airada de una mezcla entre enfado, tristeza y miedo, que da salida a una emoción intensa que libera de la frustración de una realidad que no ha resultado como uno esperaba. Así que, ¿cuál fue la última rabieta que tuvisteis?


Ataques de ira vivimos todos, niños y mayores, pero para los más pequeños forman parte de un proceso evolutivo, y son necesarias, puesto que suponen un entrenamiento imprescindible para aprender a tolerar la frustración, una herramienta base de la gestión emocional del ser humano, que por su potencia hemos de aprender a manejar. 

 

¡Y cómo no se van a frustrar los peques si todo es nuevo y casi nada está adaptado a ellos!  Y además, por falta de experiencia vital, tienden a pensar que pueden con todo, y se disgustan mucho al comprobar que no es así. Intentad ponérselo fácil. Evitad en lo posible situaciones difíciles y mucho acompañamiento si ya se frustró.


¿Y cuando aparecen las rabietas? Pues desde nuestra existencia, el asunto es que hasta que no tenemos herramientas para manifestarlas, no se nos notan, y de ahí muchas de las somatizaciones físicas y fisiológicas de nuestros bebés, reacciones todas ellas normales, adaptativas, evolutivas, y por tanto necesarias, que no podemos más que acompañar desde el vínculo, el apego y el sostenimiento, evitando así el exceso de intensidad de sus emociones, para que no sean arrollados por ellas.

 

 


La mejor manera de prevenir las rabietas es evitar las situaciones que las provoquen, pero no siempre se quiere o se puede. El mundo está pensado para y por adultos, y no para los peques, y por eso ellos se enfadan, y con razón, pero no siempre es posible que puedan hacer lo que quieran. Si debes decirle "no" a algo, siempre puedes ofrecerle alternativas, desde la empatía y la asertividad (ejemplo: "no vamos hoy al parque porque debemos esperar en casa a papá, se lo que te gusta ir, entiendo tu enfado, pero hoy no puede ser, así que te propongo que juguemos a tu juego favorito mientras esperamos").


Actúa siendo consciente de tus limitaciones. Valora lo que es importante para tu hijo, aunque no lo sea para ti. Contén sus emociones. Abrázalo cada vez que lo necesite. Muéstrate disponible para el diálogo. Y no permitas que tus expectativas, creencias y proyecciones te jueguen malas pasadas. Sin perder de vista la realidad, desde sus necesidades y sus sentimientos, desde la escucha activa y sin perder tu rol de adulto responsable.


Durante la rabieta no hay nada que podamos hacer. En ese momento no escuchan. ¿Quién es capaz de escuchar cuando está muy enfadado?. Sólo nos queda acompañar, permitiéndolo. Permanece a su lado, siempre que te deje. Asegúrate de que no se hace daño y asegurale el entorno, si no te deja estar con él. Si debes apartarte, vigila de cerca.


Para acompañarles necesitamos gestionar nuestras emociones al respecto, para no dejarnos llevar. No puedes pedir la no violencia desde la violencia. Consigues obediencia, quizá, pero no educar ni criar. Sin análisis de la situación y de sus consecuencias no hay posibilidad de entendimiento, y sin comprensión no hay aprendizaje


Tampoco sirven las distracciones porque si, "distraen", pero sin abordar el foco del problema no hay solución, y la rabieta interrumpida regresara cuando menos la esperemos y en el peor momento.


Cuando la rabieta ha pasado, es el momento de hablar. De explicarle porqué le dijiste que "no". Según va llegando la calma, buscando equilibrio entre firmeza y cariño, con un lenguaje adaptado, frases cortas e ideas breves, validar, empatizar y razonar. Más tarde valorar y ayudarle a regresar a un estado emocional estable, desde la conversación, el juego y el acercamiento. El mensaje que les tiene que llegar es: "Se que quieres hacer esto, pero como no puedes te enfadas. Te acompaño en tu enfado, pero no puedo dejar que lo hagas como quieres, en cambio puedes hacer esto otro. "Entiendo que te sientas así, y que para ti es importante, pero...". Y siempre cubre las expectativas que le ofreces y cumple tus promesas.


Sus motivos siempre son lícitos, sus pedidos necesarios, se están criando, todo es nuevo, todo es importante. Con frecuencia la negación es su forma de mostrarse al mundo. Es parte de su proceso de identidad. Los niños no son malos, son sinceros, no les enseñemos a decir "no" sin más, sino a ser asertivos. Gestiona desde el respeto, no desde la negación. Descubre su inteligencia emocional, desde dónde entiende tu hijo, para hablarle desde ahí.

 

La rabia no es algo que llega de repente y tampoco desaparece, porque la ira es inherente al ser humano, es parte de nuestro registro emocional necesario para la supervivencia. Pero según crecemos disponemos de más herramientas para gestionarlas, y eso es lo que podemos aportar a nuestros hijos. Las rabietas infantiles cederán ante la llegada de la gestión de la ira, cuando encuentren la manera de interiorizar la tolerancia a la frustración. Cuando su vida tenga menos novedades, que ahora tanto lo asustan y desconciertan. Cuando el lenguaje les aporte capacidad de expresión y la experiencia de vida les ayude a distinguir entre fantasía y realidad. 

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