¿Y si mandamos a los niños a estudiar fuera este verano?

Llegan las vacaciones escolares y muchos padres nos planteamos la opción de que nuestros hijos pasen una temporada en el extranjero.

 

Sabemos que puede resultar interesante, tanto para su currículo escolar como para su bagaje personal. Las alternativas son infinitas y todas parecen inmejorables. A veces la decisión, para padres e hijos, no resulta fácil, sobre todo si es para una larga estancia, ya que supone un cambio muy drástico en su rutina e implica muchas otras responsabilidades a las que probablemente antes no han tenido. ¿Cuál será la mejor propuesta para nuestros hijos?

 

Estudiar en otro país es una aventura. Nuevas experiencias, conocer gente y mejorar el idioma y la socialización, son factores muy atractivos. Un curso en el extranjero proporciona seguridad, autoconocimiento y supone un salto evidente de madurez que les acercará a la tolerancia, la capacidad de integración, la responsabilidad, la autonomía, el respeto, la empatía, la validación y la asertividad, aspectos fundamentales de la vida. Pero mamá y papá ya no estarán tan cerca para acompañarles, sostenerles y sacarles las castañas del fuego, y esa distancia marca una importante diferencia.

 

 

 

Lo primero, saber qué es lo que ellos quieren hacer, y si lo quieren hacer. Podéis empezar por analizar los objetivos del viaje en familia. Y tras la decisión vienen los retos, burocráticos y personales. Cómo adaptarse a una nueva cultura, a su idiosincrasia, sus costumbres, y a las de las personas con las que convivirá, asumir la novedad de separarse de la familia, los amigos, los padres y no sentirse solo, aunque se esté acompañado, superar el temor a lo desconocido y la incertidumbre y desasosiego que eso puede provocar, son asignaturas presentes.

 

Preparad el viaje con antelación, empezad a conocer y experimentar el destino desde casa, reportajes, películas, restaurantes, exposiciones, conocer a personas que sean del lugar, os ayudará a ubicaros... Aseguraos de que la parte administrativa está en orden, porque será lo que os aporte seguridad y confianza a todos durante el proceso y la estancia. Elegid bien el destino, para que sea aliado y no enemigo. Que esté en consonancia con las características de niño y con vuestro estilo de vida. Que el lugar de estudio y la familia o el centro dónde vivirá cumpla vuestras expectativas, y asegurad que el ambiente será el necesario para que él pueda establecer vínculos y redes de apoyo, ahora tan importantes. Y así facilitarles la convivencia dónde todo es nuevo.

 

Es importante que tengan claro su identidad cultural y personal, porque estén donde estén, siempre serán ellos. Fortalecer los lazos de origen e identificar y reconocer con qué encajan y trabajar en lo que no tanto, serán las primeras claves para sentirse a gusto con la novedad e ir asentando la integración. Respetar y fomentar un equilibrio entre productividad y diversión y recibir lo que de estimulante tenga toda la novedad, completaran una experiencia enriquecedora.

 

Y luego está la vuelta a casa. Regresan, y recibimos al que era y el que ahora es tras vivir esta experiencia inolvidable para todos. Reconducir las rutinas, convivencia y cotidianidad familiar será vuestra nueva tarea, pero, sin duda, habrá merecido la pena.

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