Sabemos que lo online, las redes sociales y los dispositivos digitales tienen doble cara. Sabemos que las nuevas generaciones han nacido con ellos, pero que a las anteriores les cuesta un poco más acostumbrarse.

 

La existencia y la necesidad, para mayores y pequeños, de los medios interactivos, Internet, las redes sociales y los dispositivos digitales es innegable. Las nuevas tecnologías están integradas en nuestra vida cotidiana, familiar, profesional y escolar.

 

Ya hace tiempo que oímos y hablamos de contenidos no correspondientes al contexto infantil y juvenil que se cuelan en canales especializados online, algunos de carácter agresivo o violento. Los medios se posicionan e intentan garantizar la seguridad de sus emisiones, pero la realidad es que esa garantía no es del todo posible, y aun no disponemos de leyes que regulen estas cuestiones. Así que sólo nos queda la concienciación familiar y educativa, que es lo que realmente está en nuestras manos, como padres, educadores o personas cercanas.

 

 

 

La edad mínima para acceder a una red social es de 14 años y de tener sus propios dispositivos móviles, entre los 10 y los 12 años. Prescriptores, generadores de opinión, youtubers, influencers, blogers, y demás figuras de valor para nuestros hijos invaden sus vidas. Nuestra tarea es que, para entonces, los niños entiendan y asuman sus responsabilidades cuando comparten sus experiencias en la red.

 

Con frecuencia las familias, desde el miedo y la desinformación, deciden no permitir a sus hijos el acceso a estos dispositivos. Más allá de esto, os invito a reflexionar sobre la importancia de romper con el acatar las normas en automático, y rescatar nuestro criterio, sentido común, conciencia, capacidad, instinto. Los dispositivos online no son el problema. Si no es desde ahí, estas conductas les pueden llegar desde otros lados. El problema es que los padres y madres confíen en que esos canales están protegidos. No vale con eso, es necesario concienciarles de los peligros de esta nueva forma de comunicación. Trasmitámosles el valor de la relación directa con las personas, el placer de disfrutar de la compañía de otros sin más. Que tengan muy claro que tener amigos online no es, necesariamente, conocerlos, y que no tienen por qué creer todo lo que les llegue por ahí. Y, por supuesto, como con todo con los niños, genérales modelos de conducta desde el ejemplo. Las alternativas online y digitales, como todo, en su justa medida y con criterio informado y sentido común, son válidas.

 

Seguro que también nos plateamos: ¿y si los niños no debieran asomarse a ese mundo? ¿Y si lo hicieran sólo con nosotros al lado? Pues bien, no es una cuestión de censurar accesos o informaciones porque sí. Con nosotros al lado siempre y en todo momento. Cuando estén preparados evolutiva y neuronalmente, y con las condiciones necesarias. Lo online es una herramienta útil y la base de su futuro, queramos o no. Pero los peligros siempre existen en todos los contextos y para todas las edades en la vida y el desarrollo de nuestros hijos, y en esto también. Y nuestra responsabilidad la de siempre: velar, informarnos, reclamar, defender.

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